sábado, 18 de diciembre de 2010

Ojo por liebre

Esos ojos no son tuyos.

¿De dónde los has tomado?

Bataille

El linyera tomó lo que la mano le ofrecía como se toma una ostia en misa, cerrando los ojos, abriendo la boca, entregado por completo a la ofrenda del transeúnte. Esos ojos no son tuyos. ¿De dónde los has tomado?

El que pasaba pensó que suelen verse los gritos salir de las ventanas cuando ibas por la vereda. Se amontonan contra el vidrio esperando que los mires y vos caminás por al lado y sentís que se enmudecen. Esos gritos se quedaron sin gargantas, sabías que para cuando llegaras ya estarían desparramados por todo el edificio y que tu paso por el mundo iba a ser intrascendente.

Decidiste que no ibas a ver más y te tapaste los ojos, aunque en realidad fue más difícil que eso.

Hubo un momento hace unas mañanas, que decidiste cortar el hilo que te ataba a las nubes y a los techos de las casas: entonces renunciaste a seguir mirando hacia arriba.

Lo primero que hiciste al llegar a tu casa fue buscar entre los cubiertos en el cajón de la cocina y encontraste un abrelatas que usaste como arqueador de pestañas, y fue más bien sacabocados.

Empezaste apretando la ruedita dentada sobre la córnea, haciendo fuerza con el otro extremo como si fuera una tijera que se hundía y la perspectiva se hizo luminosa como el metal que se metía, que te metías, cada vez más profundo, haciendo palanca desde los contornos, hasta que finalmente llegaste al punto en que ojo y ojo se encontraban para decidir enroscarlos desde sus nervios y sacarlos como boleadoras.

Después de la operación, que para vos fue muy sencilla, los guardaste en un sobre plástico Ziploc, los pusiste en el freezer para que no se pusieran feos y allí quedaron por un tiempo.

Saliste a caminar por Avenida Corrientes, con la seguridad de que ibas a estar librado de cielos, buscando meterte en algún teatro, -y entonces iba a ser cualquiera, porque ahora ya no veías nada-, quizás palpando libros de los que nunca conocerías rastro de su tinta, pasaste por el puestito del artesano y pisaste sin querer unas pulseritas de macramé. Y de un tropezón quedaste casi atropellando al linyera que tenía la mano abierta (había tenido su mano tendida durante todo el día) y del bolsillo del transeúnte salieron disparadas las dos bolitas oculares que solían ser sus ojos, porque ahora estaban achatadas adentro de la bolsita Ziploc, y chorreando el iris con un recuerdo de surrealismo las gotas de visión fueron marcando el camino hacia las manos del linyera.

Cuando tuvo la bolsita en sus manos, la abrió. Revisó que fueran ojos realmente humanos. Agarró uno con cada mano. Los probó un poco de lejos, mirándolos.

El gesto no le duró demasiado. Una paloma bajó desde un techo y se los llevó colgando, como laureles.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

I no estás

No espero que entiendas

que las palabras cuando hablan,

queman.

No hay tiempo de a dos para nosotros.

Porque no viene en paquetitos

Ni con indicaciones

si se pierde.

Por eso cuando tiempo i palabra

convergen,

detonan.

Como vos, que siempre venís del futuro

I yo, que apenas me siento presente.


Lo que sí, podemos ir a cualquier lado.

Porque decir cualquier lugar es decir nosotros siempre.

Y decir a dónde

es no vernos nunca


Pero vos te vas i me decís que sí.

Un sí afirmativo i acentuado que me retuerce la mirada.

I sin quererte menos por esto, te reclamo en la obviedad

poniendo sombras en las íes

en vez de poner tildes

tapo los agujeros que dejan tus gusanos porque

miro por la ventana i no están ahí las íes.


Te las llevaste cuando dijiste tantas veces, que ya no puedo concebir

una i que lleve acento.


Me dejaste en el desastre, a la suerte del qué dirán

esos que pasan i desde abajo miran

entre la cortina i dicen

“A esa chica le falta una i”.


¿Y qué voy a hacer? Pienso i me respondo.

Nada voy a hacer, esa y griega no me sirve, necesito una i latina

acentuada con un tilde


que no está.


No está su cuerpo firme apenas inclinado a la derecha,

ni su forma de tobogán que me recuerda a la infancia


como infancia que empieza con i, esa i que me falta

i que no consigo arrancarte

porque me dejás con una "y" griega y tres puntos suspensivos


que para qué los quiero.


De qué me sirven si no tengo tu í con tilde, tus acentos pronunciados en voz alta,

tus grafías de tinta azul trazo fino, decime para qué quiero yo

tus "y" griegas con sus tres puntitos suspensivos…


Si ya no puedo ponerle mis acentos a tus íes.

El amor en los tiempos de toma


Los que digan que la esperanza está perdida, como Clarín, mienten.


Tesis


Será preciso ubicarlos en un tiempo histórico

preferentemente dentro del materialismo dialéctico

para encausarlos en un año donde el mundo era el re-verso.

Supongamos que dos entes

antológicamente situados

en mesas contrarias de militancia

por alguna divina razón

se encontraron.

Ana, la del Bloque, tenía veintiún años.

Se estrenaba partidaria hace pocos meses,

y se habían cumplido diez cuando…


…bueno, cuando pasó lo que todos sabemos y contamos.

Quienquiera conocer al Tano

debería saber primero que no era simpatizante

ni del MAS ni del Partido Obrero.

no creía en la Juntada ni en la Democracia obrera

detestaba a la Franja morada

y a la izquierda socialista,

y ni hablar del pe-te-ese.

El tano era oficialista. Por así decirlo y sin rodeos.

El tano, el de La Cámpora.

El peronista.

El enemigo interno.


Antítesis


Remontémonos a las míticas luchas

obrero-estudiantiles

y pensemos que no es el caso

en el que se atrajeron dos opuestos.

Sino más bien lo contrario.

Porque la experiencia lo confirma,

en el año 2008, esta historia ya había pasado.

Y no estoy hablando de dos marxistas

ni de dos trotskos o dos peronistas.

Me refiero a que dos clases

(porque clases es la palabra que comparten

pero le podemos sumar también lucha

así somos todos iguales)

ya se habían encontrado.

Porque Ana, oh, Ana, estabas en el cebecé cursando filosofía

cuando lo viste entrar hablando de una deuda externa que se iba a cancelar

Y vos pensabas “qué deuda, que la crisis capitalista la paguen los capitalistas”,

y así cada vez que lo escuchabas pasar, porque realmente lo odiabas

a él y a su forma de decir “nosotros”

Cuando no estabas incluída.


Síntesis


El tano de La Cámpora, el inmigrante kirchnerista.

Ya que estamos en contexto, podemos decir de él

cualquier cosa

como decir que nunca lo conocí, ni lo ví pasar por ningún pasillo

ni me lo crucé en ninguna marcha.

Porque claro, nosotros los que luchamos

tenemos claro cuál es el enemigo.

Todo es grupo, todo es falso, y aquel, el que está más alto, es el gobierno corrupto, populista, hipócrita y falso socialista, que manipula y extorsiona, que reprime y dónde está Julio López, que los presos políticos y que mirá Cristina, qué popular…

(...es el gobierno con más presos por luchar).

Pero él, “asignación universal por hijo, compañeros, la ley de medios, el matrimonio igualitario”…

La burocracia sindical…

(Pensó Ana)

Los pobres obreros de Paraná-Metal…

(Pensó él)

Se cierra la lista de oradores.

(Dijo el otro)

Y una vocecita un poco alejada,

remotamente predecible

(Porque era una no agrupada)

después de la asamblea, cuando casi todos dormían

y sólo algunos quedaban despiertos

Dijo:

“Ana, él es el Tano, de historia.

Tano, ella es Ana, de filo.”

Y tanto Ana como el Tano vieron que llevaban consigo

los tres estigmas de la lucha:

el morral,

el mate

y el panfleto.

Nada se dijeron.

Pero se cuenta por ahí que una sola bolsa de dormir

Bastó para los dos esa noche.

ache muda



Vení a buscarme a las ocho,
ache muda, no me dejes relegada
que esta noche es ache muda.

Bastaba con que fueras a pasear al perro

Pero

dijiste hoy

y si la ache es muda

digo un oy

que es un ruido y nada más

porque era ayer

y si la ache es muda y la y griega no es

es haier

Un infinitivo defectuoso que se espanta de tu boca cuando no lo busca,
pero encuentra al deforme vocablo del “haier” que dice “oy”.

domingo, 4 de julio de 2010

La Patri



I


De todos los muertos, los míos son reacios, mancos y violadas.
Los tuyos son negros, judíos o eslavos.
Mezclamos
literatura y vida
no la mía
la tuya, la negra, judía y eslava.
Y yo leo
Sigmund Freud, Henry James, Tolstoi
y Joyce, en inglés
cada vez que empieza un “toco tu boca con el…”
y un Borges, George
y un Lamborghini analizado o agujerodependiente
no leo literatura, leo no-vida
porque aquello, que no es esto, no es mi vida
ni la tuya.
Me torno estructural para que puedas leerme:
aL gran pueblo extranjero, salú.
Oremos:
Letra escarlata vendida, llena eres de grasa.
el senior escondido.
No te salves, querida, no te extrañamos diciendo
lo que ya se dijo en otras vidas.


II

Lo mío son las mujeres:
las reacias, mancas y violadas.
La Patri” argentina.
En vez de domingos de misa
evocamos demonios:
Los domingos son el día del asado reaccionario, AMÉN
el humo,
y la carne que se desintegra
volviéndose más tierna
para hincarle el diente
y comer el huesito con las manos
y limpiarnos los dedos con la ropa
-no sea cosa de que manchemos
el último ejemplar del suplemento de cultura-
(qué genial palabra, suplemento
como lo que le dan a los bebés
cuando les falta vitaminas o calcio
para crecer sanos y fuertes).
claro, para no ensuciar el diario
y para no lavarse los dientes le sirven a uno
soda con el café cortado.
Yo, que como asado con café y leo el diario con medialunas
y leo a Borges y a James
me solidarizo (aunque sólo espiritualmente)
con los negros, los judíos y los eslavos comunistas:
recién me entero de los salvajes solitarios
Y de los anti-imperialistas ¿o eran anti-peronistas?
Es que nunca supe imperio de qué era referente,
es decir, siempre creí
que revolución y Francia eran sinónimos
hasta que Napoleón…
Bueno, todos sabemos que Napoleón…
era petiso.


III

Lo que me pregunto es cuánto sabemos de La Patri
que vive a la vuelta de mi casa
y se está por hacer famosa.
Estoy casi segura, porque la llamaron hace dos semanas
para ir a uno de esos programas (de televisión por supuesto)
donde pasan los fines de semana
música tropical.
La Patri es muy talentosa,
tiene dos grandes talentos. Y uno más hermoso.
Con esto me refiero a que canta y baila,
-no seamos duros con ella-
Lo que nadie sabe es que quiere ser famosa
porque escribió un soneto.
La Patri tiene dieciséis y está en primer año,
cobra sus asignaciones por hijos (tiene dos mellizas)
Y por hija también.
La Patri reside en Las Tunas, al lado del río
-digo “reside” porque en los impuestos que llegan a su casa
Le cobran un plus por vivir en “zona residencial”.
(será que tiene vista a la costa -del río Luján-)
Lo cierto es que ella dice que está “media educada”,
porque va a la “escuela de enseñanza media”
y allí le enseñaron que los adjetivos
flexionan en género y en número
y que entre sujeto y verbo hay concordancia.
Yo pienso que es muy inteligente,
una vez le dijo a su profesora de lengua
que ella estaba “flexionada”
queriendo decir “embarazada” de dos mujeres
porque iba a aumentar correspondientemente
en género y número.
Y eso fue sólo por decir
la Patri baila los domingos en América
y es el orgullo del barrio.
No le importa que todos la aplaudan por ver
uno de sus talentos:
un día, La Patri va a ser famosa, y de eso estoy segurísima,
como escritora de sonetos.
La patri,
argentina,
deciséis años,
madre soltera,
hija,
bailarina,
cantante
y poeta.

Yo me inclino en señal de respeto
ante esta nueva literatura
para que borre de una vez dos siglos
y los reescriba.
El neo-realismo naturalista
reside  Tigre
en una villa
al lado del río.

Cientificismo

Conjugar tu mirada

En desiertos, en inciertos momentos

De desazón que se corresponden

De forma directamente proporcional

Con mis odios de mujer que no es

De sepultura profanada

De desentierro egipcio

cuando me ves momificada

Con vendajes desprendiéndose

O desgarrados por la vorágine

De la excavación

Y tus recuerdos históricos

O prehistóricos del paleolítico

De cuando éramos felices

O no tristres

Y los cuerpos respondían a sus respectivas mentes

Antes de esta revolución castrista

Y digo, nos castramos mutuamente

Con una mirada antropológica

Y un adiós premeditado.

domingo, 6 de junio de 2010

Lo innombrable

Reaccionan los marcos

Crujiendo en tus paredes

Porque se te vuelan las hojas de la mesa

Se te escapan todas las ideas

Y ya no decís nada.

Será que tu casa entera

Se volvió dispar y ajena

Y tu baño- tu cocina- tu cama

Todos tus cuartos me echan

Pero a mí abrime la puerta

Abominable señor de las tinieblas

No juegues al amante

Si no sabés poner las reglas.

Por eso me voy

Quedate en tu cueva

Y a ella dejale el espanto

Guardado en la heladera.

Al lado de mi test de embarazo.

lunes, 25 de enero de 2010

1/3

miércoles, 13 de enero de 2010

La manifestación.

Tiqui, tiqui, tiqui… Recién pasó una hora de clase, pero escucho esta convocatoria y se me vienen en cascada, desde un salto neuronal, algunas preguntas irrelevantes.

Buenas tardes, chicos, somos de la agrupación “Resucitación Guevarista” y los convocamos a la marcha que hacemos mañana a las cinco de la tarde en apoyo a los trabajadores de la fábrica de embutidos “El salamincito cordobés”, y en repudio a las medidas tomadas por el gobierno que claramente nos afectan a todos. Salimos desde la puerta de la facultad, a las cinco, reitero, para marchar hasta la 9 de Julio.

¿De qué me está hablando? ¿El salamincito cordobés? Para nada, no te estoy prestando una gota de atención. Creo. Porque escuché ya tres veces el mismo anuncio y sé que no voy a ir a esa marcha, que es la misma de la semana pasada, pero que es mañana. Aunque sí te estoy prestando atención. Me retracto, sí, mucha atención. Te veo cara conocida y empiezo a dudar.
En realidad, veo caras iguales todo el tiempo, con una barba tan particular, y esas alpargatas que nos remontan al primer plan quinquenal. ¿Pero sabés que sos un poquito distinto al resto? Te veo enfrente de unas doscientas personas, hablando sin problemas, repitiendo las mismas palabras semana tras semana con la misma consigna, y me pregunto si sabías que no te estaba escuchando, pero que sí despertaste mi interés.
Sos el paquete bohemio por excelencia, hecho de harapos y papel maché de páginas recortadas de libros y manifiestos comunistas, y seguramente saltaste rayuelas en tu adolescencia también, escuchaste a Charly en algún momento de tu vida, y te armaste un uno, Hernán, antes de entrar a este aula que huele a campo.

Bueno, ¿preguntas? ¿Dudas? ¿Nada? Chicos, nos vemos mañana. Gracias profesor.

Hay un momento en todo anuncio político, durante la clase, en que a uno se le despiertan miles de preguntas para hacer, uno se imagina masacrando al pobre pibe que apenas está comunicando algo, que no sabe muy bien por qué lo está haciendo, pero que va igual, acompañado de otros tres hippies a poner su voz al servicio de la militancia. De igual forma, uno se ve a sí mismo levantándose con las mil preguntas convertidas en jabalinas, y tirándoselas desde lo más alto del aula, que es donde uno se sienta al mediodía para poder almorzar.
A falta de jabalinas, miro mi empanada fría, media ahuecada, y de espinaca, que me está empezando a dar náuseas. Entonces me voy.
Camino al subte pienso en mañana, que es mi día libre, que no curso materias, que no me imagino estudiando, y que es obvio que no pienso desperdiciar yendo a una marcha por los derechos del salamín. Repienso el mañana, que es mi día libre, que no curso materias, que no me imagino estudiando, y que es obvio que no pienso desperdiciar…
Porque de él no recuerdo su cara, no sé si sus labios eran lindos, ni si su pelo estaba ordenado, si tenía tatuajes o si llevaba aritos. Pudo haber sido cualquiera. Ahí todos son cualquiera. Todos son diferentes, sí, pero todos son cualquiera.
Podemos describir a uno mirando al otro. Podemos describir a los otros mirándonos a nosotros mismos, pero claro, eso cuesta el doble. Podemos mirarnos reflejados como en espejo sabiendo que su izquierda, de mi lado sigue siendo izquierda por regla. Aunque esa regla se rija sólo por reflejo.
Y el tiempo emprende su rescate mágico. Pasaban las horas sin destino aparente, pero con un fin siniestro y un método seguro. El tormento, la ansiedad, el abrir y cerrar la heladera, el ir y venir del baño a la computadora.
Por eso el poder del inconsciente sobre uno es incomparable. Somatizamos, reímos, repetimos y lloramos. Todo en cuestión de minutos cambia, todo se revierte, todo se olvida y todo se estanca. Todo va a parar a ese sótano. Y como nuestros mejores sueños de cuando éramos niños, nos vemos un poco más creciditos y asquerosos, al sentirnos libres de movernos por la ciudad, pero con el terror de saber que cada paso está tibiamente calculado, y no hay forma de escaparle al destino que hemos dejado construir para nosotros.
Me pregunto dónde quedó el coraje que tenía a los nueve, cuando me subía a los árboles y encontraba ciudades ocultas entre los follajes.
La ironía de la vida es esa, supongo. Por cada año que superamos victoriosos, se revierten en espejo nuestras cualidades. Por cada vez que miramos atrás, perdemos una habilidad nueva y una fuerza para seguir. Por cada minuto que dudamos, perdemos una oportunidad de ser personas, pero lo hacemos con tranquilidad, porque nos ganamos ciudadanos del mundo.
Cuando tenía nueve, por cada vez que dudaba, me encontraba con otras rutas de barro y zanjas llenas de verdín.
Cuando tenía diecinueve, por cada vez que dudaba, me encontraba con otra tarea que iba a tener que cumplir.
Así que, si tuviera nueve, iría sin pensarlo. Iría a marchar por los derechos de los trabajadores de todos los fiambres si fuera necesario. Sin un fin, sin necesitar un fin, sin querer ver una causa o una consecuencia. Sin quitarme estas cuerdas vocales que hablan para adentro y me dicen, idiota, nómade, andá.
Voz interior, lo lograste. Me convenciste por última vez.
Son las cuatro y media y estoy un poco retrasada. Siento la necesidad de ponerme los auriculares en los oídos, pero tengo un mp3 que se quedó sin energía. Mi intento de no sentirme sola se desmorona, y la intención de llegar puntal, fue solamente una intención, ya sabía que iba a llegar tarde.
Ya en el subte iba, sentada por suerte, con la esperanza de cruzarte. Pero no, por lo que caminé las cinco cuadras hasta el punto de encuentro, y deduje que me ibas a estar esperando. No te podías ir sin mí, de ninguna manera. Con el alivio de saberlo, desaceleré mis pasos y noté que las hojas caídas me estaban acompañando. Eran esas mismas hojas que las de antes, las hojas que flotaban y no a causa del viento, que me envolvían y llevaban a los mundos infinitos, a los mundos posibles, y a los imposibles también.
Entonces llegué, enardecida por el sólo pensar en que te iba a ver, y que te iba a reconocer, porque en mi mundo sólo te pude haber inventado yo. Así que recorrí esa cuadra entre la multitud, buscando tu cara, y cara por cara observé sus rasgos hasta que te vi y supe que eras vos. Al principió costó un poco, en frente de una puerta habían al menos cinco personas que parecían gemelos idénticos, o bombones con el mismo papel brillante. Hasta que vi a alguien, me detuve a mirar mejor y supe que eras vos. Lo sabía porque mi instinto reconoce a mi par. Aprendí a darme cuenta cuando me veo reflejada en retinas que no son las mías. Y lo supe porque finalmente pude sentirte cerca, mío, irrepetible.
También sé que al verte desde mí hacia fuera, vos me reconociste en seguida. Entonces jugamos al cíclope, ¿no? Y nos descubrimos. Nos cortejamos desde un yo que era un tú y que era el mismo yo.
Sabiéndonos iguales, caminamos sin decir una palabra, ni si quiera un saludo. Pasaron cámaras de televisión que registraron momentos claves y hubo entrevistas de diferentes emisoras de radio, pero puedo dar fe de que no existe medio de comunicación más efectivo que el que descubrimos al mirarnos, recolectando una instantánea de cada recuerdo, que para nosotros fue siempre el próximo.

domingo, 3 de enero de 2010

Raíces


No te vueles porque me veo desde abajo, en perspectiva, contemplando dibujos ajenos. Pasan hombres y mujeres por las calles y los árboles desean ser ellos. Por eso se pliegan, miran, se repliegan, vuelan librando hojas que planean imitando el paso del día en personas nuevas. Y desde acá hacen falta raíces. Yo sé que sos una flor sin tallo, te pido disculpas por quererte en la tierra.