sábado, 1 de agosto de 2009

Tormenta cerebral




Me gusta escucharte hablar, bueno, un poco cuando se apodera de tu inconciente un sabor a hierro, como si fuera sangre, sal y miel. Hablar de vos es reducir mi léxico en un noventa por ciento menos.
Hablar de vos es como comerme una manzana empezando por el cabito, arrancándolo con los dientes para luego chocarme con las semillas.


Una lista de las cosas que quiero me traiciona en el primer ítem.

Fácil, la mente sobrecargada de imposiciones a la hora de ir a tomar el té. Veamos un poco de tele, vamos, algo debe haber.

Una lista de las cosas que quiero me reta en el primer ítem.


Estamparte contra la pared al mirarte es lo que quiero realmente, pero esas cosas no me salen. En realidad hay varias cosas que “no me salen”, pero para qué decirlas, librémoslas a la imaginación.





Los recovecos neuronales no aceptan medias tintas. Tu materia gris está dividida en sectores de negro y blanco, contrapuestos, como pinceladas yuxtapuestas del impresionismo, dando sensación de gris mediano, pero vamos, sabemos que no. Es un espejismo macabro, un ritual pagano de la racionalización infantil. Porque cuando te pregunto por qué hacés esas cosas, es sencillamente un truco del porvenir que sepas que no me va a interesar qué es lo que digas.




En días como estos, de luz brillante y aplanadora, pienso que a veces podríamos vernos sin cruzar palabra y ser felices. El problema es que no te veo, las palabras que cruzamos son ficticias y la felicidad no es algo en que creemos.


3 comentarios:

Señor Posmópolis dijo...

cuando hablo de ti explota el universo: nuevas palabras, vive y arde el lenguaje, fundamos el universo: somos amantes.

Jo dijo...

i completely agree with senor posmopolis

Maku dijo...

Me acuerdo de una chica que me hablababa de imposibles.

(:

A veces esos mismos imposibles nos sirven de motor hasta encontrar algo más real a que aferrarnos..

No se, es mi caso.