jueves, 18 de julio de 2013

Acompañante terapéutica



El informe final dice
que las tazas quedaron manchadas
la caja de forros vacía
mi cuadro colgando en tu pared amarilla.
Menos mal.
Es decir,
que se quede todo quietito
tengo miedo de mover un dedo
y activar un orden irreversible:
no sé si soy el personaje o el médico
de Dr. Jekyll y Mr. Hyde.
Pero la obra está completa.
Yo apoyaba mis pies por un 
camino de brasas
-soy valiente
y poeta-
las palabras también tienen un fuego
que me encanta.
Sucede a la mañana
siempre que observo
los restos del desastre emocional
las bombachas sucias
el delineador perdido en las mejillas
junto con el bretel del corpiño arrancado
y tu labio
mordido
sangrando.
Pero hay otro efecto:
el cuerpo es inerte y resiste.
Las bocas no sólo
chupan
besan
también dibujan
y hieren.
Los labios no cargan
labios
para cerrarse
o abrirse
ni músculos
para amenazarme
de muerte.
Hubo un momento
en que el rostro cambió de vida 
y me asusté.
Busqué en mil manuales y hasta
le otorgué razones mágicas
y sobrenaturales;
tampoco un ángel
caído.
¿Era psicopatía,
esquizofrenia?
Soy sólo una 
acompañante terapéutica:
no soy tan brava
ni tan fuerte,
menos mal.
Porque así reconocí mis debilidades
mi bombacha floja
mi predilección por los precipicios
mis ganas de verte.
Después me noté tambalear un toque
pero no dejé que me caiga:
soy una profesional.
Vos dame trastorno de personalidad
psicosis
delirio
ansiedad
dame con todo 
lo que tengas
que transformo los males de este siglo
y de tus décadas
en arte arte arte.
Pero no me quieras 
intercambiar por el loco
para escapar de la clínica.
Porque 
lo único seguro
es que no saliste de un universo distinto
ni de un útero enfermo:
también descubrí
que sos un personaje siniestro,
como los de los libros.
A veces, cuando somos personas 
no nos damos cuenta
de la ficción en la que estamos inmersos.
Pero cuando la cosa se pone extraña
y roza lo fantástico
y se desorbitan los ojos
y tenés pesadillas
y no entiendo tu lengua
y me asusta verte,
sos un monstruo, no un paciente.

Y yo, que era una acompañante terapéutica
necesitaba quedarme apenas
con el diagnóstico por escrito:

Egodistrónico.
No sé si psicosis o cobardía

o mala leche. 



1 comentario:

Yai Vila dijo...

soy de las compañeras de facultad que te dicen: me siento súper identificada. Pero súper. Nos tenemos que tomar un café jaja.
Beso enorme Quappi, hermoso todo lo que escribís!