martes, 24 de julio de 2012

Para acabar con la poesía



Se desataron los augurios más temidos por mí misma,
él se desprendió de su cuerpo para desgarrarme las encías
y mostrarme que con palabras
la vida se me iba de las manos
y se transportaba del alma para afuera,
del alma para afuera,
de sus manos.
Temí por mi cordura pero no desesperé,
entré en un trance eterno que me costó los días
más hermosos de la creación humana
porque no hubo signo más imposible de mirar
que cuando decidí que iba a jugármela hasta el fin
de mi ternura.
Fue un rapto, como un cataclismo impredecible
en el que me morí una, dos, tres veces, durante miles
de segundos continuados
imparables,
me decidí a sentirlo
y lo sentí,
lo sentí por dentro y por los costados,
me mostraba cada fibra de mis ojos deslumbrados
por querer arrancarle a él todo lo que había encontrado en mí.
No había más que verme
esperanzada como si me estuvieran dando motivos de vida,
llena de alma
llena de vos.
Fue imparable.
Pero hay un momento en que la poesía
se acaba 
y uno agradece el sentimiento.

Voy sintiendo que se hace la hora de decirte adiós
pero no lo consigo. 

4 comentarios:

Rafael dijo...

¿EL fin de la poesía?
¿Me pregunto si hablas de verdad?
Solo olvidandola, tal cosa podría pasar.

¿Cómo acabar a la poesía con un triste sentimiento, siendo que este es su mejor alimento?

Cuando se oye el crujir del corazón delicado, cuando este se esta a punto de partir en mil pedazos...
No son lágrimas las que caen por las mejillas, ni es sangre lo que del corazón se precipita hacia la rejilla.

¡Es poesía! . Al poeta no le duele... Se desangra en vil agonía ¡Y es poesía!
El poeta no quiere a alguien, así simplemente. El poeta cuando quiere, camina por el divino y celestial arcoiris de sus sueños con la persona que tiñe de mil colores su cielo, un cielo que casi siempre está gris ¡Y es poesía!

Por que el poeta lo vive así... Y no hay en el reino de la imaginación algo más excitante que hacer de la realidad un teatro de verdad.
Donde ciernen las trajedias más terribles y de mayor aflicción.
Donde suceden los amores más puros, los de mayor pasión. Viviendo cada día como si fuera el último, ya se un cliché, pero uno que alimenta a la razón.
Viviendo cada mirada malvada como la más vil puñalada.
Viviendo un beso sin importancia, como la aventura de lujuria y deliro y exponerlo a nosotros mismos con la mayor jactancia.

Y así vive el poeta, viendo abismos en una grieta, viendo cada silla como un trono, viendo al cielo como el cuadro más sublime y haciendo del mundo entero nuestro propio escenario, y, para el poeta todo esto en necesario.

Quappi dijo...

gracias por eso
y no, ¿cómo podría acabar con la poesía si la reescribo en todo momento?
Fue apenas una ironía, un impulso de eros y de tánatos.

Rafael dijo...

Admito que es muy escueta
mi definición de poeta,
pero quiero saber si este exordio,
Ha llegado a su meta...

Queria saber si se ha identificado usted con tales razones;
Pues si no lo ha hecho, mil perdones...

Es menester que me cuente, si entre tales reflexiones se ve indentificada o si solo es mí imaginación que de tanto labrar palabras, se ha quedado cansada. Porque tal vez encuentro cuestiones en las que no debiere meterme, pero si he inspirado el más minimo hálito en los corazones, entonces que salte a la luz para que pueda leerle.

Quappi dijo...

la rima me distrae mucho de lo que querés decir cuando escribis, vale el intento, te agradezco.